Psicóloga, supervisora de terapeutas y creadora de Matriusques.
Trabajo con profesionales de la
ayuda (psicología, terapias, coaching, etc) que quieren sostener el vínculo con más claridad, presencia y profundidad.
Tú y yo no creemos en una psicología o una terapia superficial ni en vínculos que evitan mirar de verdad.
No creemos en acompañar desde la prisa, la técnica vacía o el personaje profesional. Creemos en un vínculo que sostiene con presencia, sin reducir ni invadir.
No estamos aquí para agradar ni para encajar en modelos reduccionistas; no somos maternalistas, salvadoras, ni trivializamos procesos. No maquillamos el dolor ni evitamos la complejidad humana, porque es ahí —en lo que incomoda, tal como es— donde empieza la transformación real.
Creemos que SER VISTA es ser reconocida en todas las capas, con respeto y tiempo. Poder existir completa, con luz y sombra, sin tener que justificarse, defenderse ni demostrarse.
Nosotras somos duales: habitamos la calma y el movimiento, la estructura y lo orgánico. Encontramos sentido en el silencio, en el cuerpo, en la palabra justa y en la verdad dicha a tiempo.
Aquí no tienes que elegir entre ser fuerte o vulnerable, profesional o humana: puedes serlo todo.
Solo necesitas un espacio donde tu verdad tenga lugar. Y este es tu lugar.
Mi herida contiene el dolor de no ser ni vista ni validada en mi complejidad. Y el elaborado sistema de defensa que configuré era muy útil para proteger mi verguenza de ser yo misma y muy inútil para permitirme ser en plenitud y autenticidad.
A los 21 años, gracias a todo lo que viví durante mi etapa de la Facultad, entré en un proceso de metamorfosis que instaló un tobogán psíquico directo al trabajo personal profundo. Este portal se ha mantenido abierto desde entonces.
Durante 20 años, he acompañado procesos, sostenido vínculos y trabajado con personas desde una implicación profunda. También he aprendido técnicas, modelos, enseñanzas que me inspiraban y que me ayudaban a crecer como persona.
Y, a veces, en sesión, no sabía qué hacer. Ni flowers.
Felizmente descubrí que esos momentos de ir a ciegas tenían un tesoro escondido: aprendí que lo único que yo podía aportar en ese momento era a mí misma. Con humanidad.
Y comprendí que la capacidad de estar presente con la otra persona depende, proporcionalmente, de la capacidad que tengo de estar conmigo misma, con todas las capas y dimensiones: abrazando todos mis colores, especialmente la luz y las oscuridades.
Querer mantener esta capacidad en sesión, y fuera de ella, me ha invitado a hacer mucho trabajo personal. Y transgeneracional. Y transpersonal.
Una de las capas de las que obtengo más información es la de las relaciones. También veo con claridad la estructura de los sistemas y las dinámicas que se generan, especialmente, me salta a la vista si hay orden y coherencia.
También he visto que las personas a las que acompaño son mi reflejo y yo puedo ser el suyo si me relaciono desde el corazón y con mucho respeto por su vida, sus defensas, su sistema nervioso y su manera de SER. Entonces, puede ser muy potente. Y és potente.
En esta etapa de mi desarrollo profesional, quiero participar de manera contundente y humilde (si, todo a la vez) en el cambio de paradigma en salud mental.
Para hacerlo, decido potenciar aquello que he estado haciendo en los últimos 10 años de manera natural y con mucha alegría: acompañar a otras profesionales, ofreciendo reflejo, guia, respeto y profundidad.
Así, lo hacemos juntas. Y recibimos y damos por doquier.